sábado, 19 de abril de 2008

El complejo de Faetón
va a la


Semana Cultural para alumnos del Colegio de las Vizcaínas
del Centro Histórico

en el 240 aniversario de la inauguración del colegio


charla con

Andrés Acosta

martes 22 de abril, 2008 9:20 AM
Vizcaínas 21, esquina Eje Central Lázaro Cárdenas, México, DF


lunes, 7 de abril de 2008


Coloquio Retóricas de la enfermedad

Convocado por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM
y Cuadernos de Quirón

La enfermedad ocurre, simplemente. Y en su simple ocurrir forma parte ineludible de la vida de las personas, hasta acabar, tarde o temprano, con ella.

Pero, ¿qué es la enfermedad? Una bacteria entrometida, una arteria ocluída, un error congénito del metabolismo; una palabra cotidiana, un término médico, un estigma; construcción histórica, imaginario colectivo, representación social; un dolor, un temor, una metáfora; una cuestión íntima, un problema familiar, un asunto de salud pública; una molestia pasajera, un mal imaginado, una condena a muerte; tema central de una novela, objeto de un estudio científico, problema filosófico. ¿Qué es la enfermedad?: tras su simple ocurrir, una forma de hablar, una determinada retórica.

Mesa redonda

Literatura de la enfermedad

Andrés Acosta

Axayácatl Campos

José María Villarías

Moderadora: Alejandra López Guevara

Jueves 10 de abril, 2008
10:00 a 12:00 horas
Aula Magna Fray Alonso de la Veracruz

viernes, 28 de marzo de 2008


Escritura y magia en el novelista

Sólo dos datos sobre John Gardner, autor del texto:
Fue maestro de Raymond Carver.
Se mató en su motocicleta a los 49 años.

Como todo escritor sabe –el experimentado y el no experimentado–, hay algo misterioso en su capacidad para escribir en un día determinado. Cuando los fluidos corren, cuando el escritor está «prendido», es como si una pared invisible se derrumbara, y entonces éste pasa con soltura de una realidad a otra. Cuando no está inspirado, el escritor tiene la sensación de que todo es mecánico, de que está hecho de componentes numerados: no ve el todo sino las partes, no ve espíritu sino materia; o para decirlo de otra forma, en dicho estado el escritor, cuando contempla las palabras que ha escrito en la página, no consigue ver más que palabras en una página y no el sueño vivo que éstas han de desatar. Pero cuando de verdad escribe –cuando está inspirado–, el sueño surge lleno de vida: el escritor se olvida de las palabras que ha escrito y ve a sus personajes moviéndose por sus habitaciones, revolviendo en los armarios, buscando entre la correspondencia con gesto irritado, poniendo trampas para ratones, cargando pistolas. El sueño en que se halla es tan vivo e ineludible como los que se tienen al dormir, y cuando el escritor pone en el papel lo que ha imaginado, las palabras, por inadecuadas que sean, no le distraen de su ficción sino que le concentran en ella, de tal modo que cuando la intensidad del sueño decae, al releer lo que ha escrito resurge la ilusión. Éste y sólo éste es el fragilísimo proceso en el que tan desesperadamente ansía entrar el escritor: en la imaginación ve personas que actúan –las ve claramente– y cuando se pregunta qué harán a continuación, lo ve, y lo escribe con toda la precisión de que es capaz, consciente, no obstante, de que quizá después tenga que buscar palabras más adecuadas y que el cambio de una palabra por otra puede agudizar o hacer más profunda la visión, y el sueño o la visión se va haciendo cada vez más y más lúcido, hasta que la realidad comparada con éste, le parece fría, tediosa y muerta. Éste es el proceso que tiene que aprender a provocar y a resguardar de fuerzas mentales hostiles.

Todo escritor ha experimentado este estado mágico y extraño, aunque sólo haya sido por unos instantes. Leyendo lo que escriben los alumnos se nota enseguida dónde entra en acción esta fuerza y dónde cesa, dónde han escrito con «inspiración» y dónde han tenido que avanzar a fuerza de mero intelecto. Se pueden escribir novelas enteras sin llegar ni una sola vez al misterioso centro de las cosas, a la cámara secreta por donde vagan los sueños. Es fácil idear los personajes, la trama y el ambiente y luego ir rellenando como si se tratara de colorear una lámina numerada. Pero casi cualquier relato o novela tiene siquiera unos momentos de autenticidad, el ademán exacto de un personaje o una metáfora sorprendentemente adecuada, un breve pasaje que describe el papel pintado de la pared o el movimiento de un gato, un pasaje que reluce o palpita más que ningún otro, un momento que, como decimos los escritores, «cobra vida». Y es precisamente esto, el ver que algo que uno ha escrito cobra vida –no metafórica sino literalmente, un personaje o un episodio que como un espíritu entra en el mundo por obra de su propio y extraño poder, de tal modo que el escritor se siente no su creador sino meramente el instrumento que hace posible su aparición, el mago, el sacerdote que ha dado por casualidad con la fórmula mágica–, es esta sensación de haber alcanzado cierto principio mágico lo que convierte al escritor en un adicto capaz de renunciar a casi todo por su arte y en un ser tan desgraciado si fracasa.

Al principio, este veneno o este ungüento milagroso –puede ser ambas cosas– se da en pequeñas dosis. Lo que suele ocurrirles a los jóvenes escritores es que mientras hacen el primer borrador les parece que todo lo que escriben tiene vida y es interesantísimo, pero cuando lo vuelven a leer al día siguiente lo encuentran insulso y sin alma. Pero entonces se les presenta un breve instante cualitativamente distinto de los otros: una pequeña dosis de lo genuino. Cuanto más numerosos son estos momentos, mayor es la adicción que provocan. El instante mágico, atención, no tiene nada que ver con el tema o, en sentido corriente, con el simbolismo. De hecho, no tienen nada que ver con lo que se suele tratar en las clases de literatura. Es, simplemente, de un punto crítico psicológico, un latido de vida en un erial, un «sapo verdadero en un país imaginario». Estos insólitos momentos, emocionantes unas veces, otras simplemente desusados, que dan lugar a un estado alterado, a la sensación efímera de haber salido del tiempo y el espacio ordinarios –similar sin duda a la que busca el místico o a la que experimenta quien ha tenido la muerte cerca–, constituyen el alma del arte, son la razón de que haya quien se entregue a él. Y el joven escritor al que poder alcanzar este estado le preocupe lo suficiente como para saber cuándo lo ha conseguido y como para sentirse insatisfecho cuando no lo logra, ya está en camino de poder provocárselo a voluntad, aunque quizá nunca llegue a comprender cómo lo hace. Cuanto más a menudo encuentre uno la llave mágica, más fácil le será a la mano vacilante del alma posarse sobre ella. En lo mágico, como en todo lo demás, los logros traen más logros.

Para ser novelista / John Gardner

sábado, 22 de marzo de 2008


Sobre escribir

Yo trataba de escribir un libro, que se empeñaba en no salir. Hacía diariamente mis quinientas palabras, pero los personajes no empezaban siquiera a vivir. El escribir depende tanto de la superficialidad de los días de uno. Podemos estar preocupados con compras y réditos y conversaciones casuales, pero la corriente del inconsciente continúa fluyendo imperturbablemente, resolviendo problemas, planeando; estamos sentados ante el escritorio, estériles y desanimados, y de repente las palabras vienen a nosotros como el aire; las situaciones que parecían acorraladas en un callejón sin salida se resuelven: la obra se ha llevado a cabo mientras dormíamos o andábamos de tiendas o charlábamos con un amigo.

El fin de la aventura / Graham Greene



jueves, 28 de febrero de 2008


El alma de las cosas

Las cosas, de las cuales se afirma que carecen de alma, son dueñas de secretos profundos que se imprimen en ellas y les crean un modo de almas, especialísimo. Desbordan de secretos, de mensajes, y, como no pueden comunicarlos sino a los seres escogidos, se vuelven, con el andar de los años, extrañas, irreales, casi pensativas. Hablamos de pátina, de pulimento, del matiz de las centurias, al referirnos a ellas, y no se nos ocurre hablar de alma.

Bomarzo
/ Manuel Mujica Lainez


jueves, 14 de febrero de 2008


El CONACULTA, a través de la Dirección General de Publicaciones
invita a

La Hora del Amigo
Escritores al 2x1 (en esta ocasión al ¡3x1!), con

Andrés Acosta
Bef, alias Bernardo Fernández*
Jaime Alfonso Sandoval**

Oferta editorial / Entrada libre
Martes 26 de febrero 2008, 19:30 hs
Cafebrería El Péndulo
Hamburgo 126, Zona Rosa


*Su novela Tiempo de alacranes, multipremiada, recién fue traducida al francés.
**Su novela Fantasmas, espectros y otros trapos ganó el Premio Barco de Vapor 2006. Tiene además Repúbilca mutante, una de las más divertidas en el panorama mexicano de los últimos años.

viernes, 1 de febrero de 2008

La caída de Faetón según Jan Eyck


Faetón en Puebla


Dentro del marco de la 2a Feria Internacional de Lectura 2008 (FILEC)
La Dirección General de Publicaciones del Conaculta

Ediciones SM y

El consejo Puebla de Lectura

invitan a la presentación de la novela

El complejo de Faetón

Sábado 16 de febrero a
las 10:00 AM
en el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE)

Calle Luis Enrique Erro No. 1
Santa María Tonantzitla, Puebla.





Fábula fantasmática

Fui fariseo. Fingí fe, facultades: fanático fortuito. Forjé fachadas falaces, farsas, fantochadas, faramallas, faroladas, fuegos fatuos, ficciones, falsedades, fraudes, figuraciones, fiascos, felonías… fábulas fantasmáticas. Frecuenté francachelas, festines, fandangos, farras: fútiles formas físicas. Formé falanges: fulanos fascistas. Frecuenté fastuosos falansterios: funestas fábricas.


Fugaz fiebre fácilmente fatiga, fastidia, frustra fantasías, funde fuerzas.


Fragilidad… fallas, finas fisuras fracturando felicidad.

Fatídica fama… fracaso. Fenezco finalmente: famélico Faetón fulminado.

El complejo de Faetón


martes, 22 de enero de 2008

Olga Correa, Argentina Rodríguez, Anamari Gomís, Andrés Acosta

Andrés Acosta

Templo de las Siete Muñecas

Cenote de Dzibilchaltun con sus piedras verdes en el fondo



Deprimidos en Mérida

Cuánto se sufre al ir a presentar un libro a la Ciudad Blanca, con su cocina exquisita, su paseo Montejo, su música, las zonas arqueológicas y cenotes aledaños. Pero había que sacrificarse porque el libro "Los demonios de la depresión" (Turner, 2008) de Anamari Gomís, valía la pena: una especie de testimonio-autobiografía-novela-libro de divulgación científica sobre esta terrible enfermedad, la enfermedad contemporánea: la depresión. Libro bien escrito, ameno, documentado y, sobre todo, dotado de buen humor.
Desde que Roger Metri llamó para hacer la invitación (junto a Argentina Rodríguez y Olga Correa), una tarde fría y nubosa (en el DF), me entristeció la idea de abandonar unos días esta ciudad tan limpia y ordenada en la que vivo y tener que ir a la soleada Mérida a hartarme de mariscos, panuchos, cochinita pibil, relleno negro (lo odio tanto que no puedo dejar de comerlo cada vez que voy) y por supuesto la infaltable sopa de lima.
El marco de la presentación fue el Festival de Mérida (organizado magníficamente por el ayuntamiento), lleno de música cubana, teatro, gastronomía y demás expresiones culturales tan variadas. Por allí andaban Agustín Monsreal y Laura, Beatriz Espejo y Emmanuel Carballo, Hernán Lara Zavala, Sara Poot, Jorge Lara, Víctor Hugo Rascón Banda y demás escritores.
En fin, todavía tuvimos que ir la playa de Progreso y al imponente Dzibilchaltun. Lo que uno hace por presentar libros.


martes, 8 de enero de 2008

El camino del tiempo

Ada me cuenta que Peg Hawthorne era una gran dama de Nueva Inglaterra. Sí, de la línea directa de Nathaniel, claro. Mañana me mostraría todo lo que salió en los diarios del caso Peg Hawthorne. Hasta hoy no habían descubierto al violador asesino. Guardó los recortes porque estuvo haciendo un estudio del cuadro minimalista criminal, sí, porque también habría crímenes en las Sociedades Minimales, evidente que en el mamífero el gusto por la sangre es inexplicable -la cuestión era que en la Sociedad Minimal el crimen sería minimizado-. Me parece lógico, respondí.
Pero Ada se entusiasmó con el caso Peg Hawthorne. Para ver cómo es el camino del tiempo, dijo. En 1829, una joven llamada Sofía, caminando por el parque, exclamó que allí era el Edén en miniatura. Esto está escrito, yo lo vi. ¿Y sabes quién era esa joven? ¿No? Pues era la futura mujer de Nathaniel. Y ahora Peg Hawthorne muere así. ¿Qué te parece?, me preguntó Ada.

Bandoleros
/ Joao Gilberto Noll (por recomendación de Daniel Sada)


viernes, 14 de diciembre de 2007

Resultados del
Premio Nacional de Novela y Poesía Ignacio Manuel Altamirano 2007 convocado por el Instituto Guerrerense de Cultura, y entregado durante la inauguración de la XX Semana Altamiranista, en Tixtla, Guerrero, el 9 de diciembre de 2007.

Ganador en poesía: Eduardo Parra Ramírez, con la obra Refractario

Ganador en novela: Andrés Acosta, con la obra Lengua de hierro



jueves, 6 de diciembre de 2007

Rosario Caicedo, Alberto Fuguet, Andrés Acosta, Pilar Quintana y Sandro Romero

Pilar Quintana, Pilar Caicedo, un par de Andreses, Alberto Fuguet y Victoria Caicedo

Unos cuantos buenos amigos

La FIL Guadalajara fue el encuentro con viejos y nuevos amigos colombianos, siempre tan queridos: Pilar, Rosario y Victoria (las hermanas Caicedo, junto con toda la familia Caicedo), María Elvira Bonilla, Sandro Romero (matón de novela), Pilar Quintana (parte del grupo Bogotá 39, autora de Coleccionistas de polvos raros), Alberto Fuguet (colombiano por adopción, cinépata de corazón, hermano de Andrés Caicedo); también Lorenza Estandía (editora en México de Andrés) y, por supuesto: Olga, ex paisana (sólo en cuestión de papeleo, porque la pertenencia no se pierde nunca, bien lo sabemos) de Fuguet.
Tarda uno (tardo yo, como siempre) mucho tiempo en digerir los encuentros. Hubo café colombiano (de lo mejor), música (¡Que viva la música!), buena comida mexicana (con todo y frijoles refritos en manteca), una amable hospitalidad de las hermanas Caicedo, insuperables anfitrionas, no de una visita a su tierra, sino de la dimensión caicediana: cordialidad, vitalidad, buen gusto, buena charla sobre libros, películas y comida.

Por ahí se extrañó al magnífico Carberto, papá de Andrés. Se extrañó también al gran Hugo Chaparro, quien presentaba su novela y, debido a su tremenda convocatoria, llenó la sala y fue imposible entrar a verlo. Hugo Chaparro es un fantasma amistoso que anda por ahí (altísimo y jorobado, pero de gran corazón).
Por ahí andaban Javier Narváez, robando almas con su cámara y Andrés Ramírez al pie del cañón en su stand editorial. Y claro, mi otro tocayo: Andrés Caicedo, comprando dividís y libros a manos llenas, tecleando en su laptop. Yo lo vi, les juro que lo vi...




martes, 27 de noviembre de 2007

Andrés Caicedo en la FIL Guadalajara


Jueves 29 de noviembre 2007
16:00 a 16:50


Panel sobre la vida y obra de Andrés Caicedo
Introducción en México de sus obras:

¡Que viva la música!, Ojo al cine y El atravesado

Presentan:
Rosario Caicedo, Pilar Quintana, Alberto Fuguet,
Sandro Romero y Andrés Acosta


Grupo Editorial Norma

Salón Alfredo R. Placencia
Centro de Negocios, Expo Guadalajara


¡Hay fuego en el 23!

domingo, 25 de noviembre de 2007


Creo. Creo que creo. Creo que creo que sé que creo, mas no qué cosa creo. Casi desde el principio me veo a mí mismo creyendo. También puedo recordar cuando no creía: turista de la fe. Todo es: creer o no creer. Me descubro en el acto de creer que antes creía, a pesar de que creía que no creía, o creer que ya no creo precisamente porque afirmo que creo. Creo que nunca creeré que creo, nunca creeré como creía cuando pensaba que no creía que era capaz de creer. Si hubiera creído que llegaría al punto de creer que no creer, es también una manera de creer, entonces habría perdido menos tiempo deseando creer y hubiera creído que no necesitaba creer. De ahora en adelante creeré que creía, que creo y que siempre he creído...
No volverán los trenes



martes, 13 de noviembre de 2007


Mis ganas se renovaron, arremetí con fuerza y ella gimió; alcancé a discernir cada una de las hebras de su voz desatada: su espectro cromático se hizo visible y el mural de las paredes se encendió. La capacidad sinestésica se prolongaba un poco más... Nos recostamos sobre la cama de papel a leer la música con las espaldas: sentí cada una de las notas, su danza en el pentagrama.
Solitarios y podridos



martes, 6 de noviembre de 2007


—Escribes o te mueres —y noto desconcierto en sus ojos, no sé si sea porque me ve escribir sin parar y su amenaza se vuelve absurda nada más la pronuncia, o porque lo he mirado directamente; tal vez emite la orden para que quede claro quién manda.
—No me mires.
Doctor Simulacro



miércoles, 31 de octubre de 2007


Pero el ritmo de las olas mezclado al de los pensamientos, mece al distraído muchacho en tal opiácea vaguedad de ensoñaciones vacuas e inconscientes, que al fin pierde su propia identidad y toma el místico océano, a sus pies, por la imagen visible de esa alma azul, profunda e infinita que se adueña de la humanidad y la naturaleza; y cada cosa extraña, vislumbrada, huidiza, hermosa, que lo elude, cada aleta que surge incierta e inapresable entre las aguas le parece la encarnación de esos pensamientos elusivos que sólo pueblan el espíritu deslizándose sin cesar a través de él.
Moby Dick/Herman Melville



sábado, 27 de octubre de 2007


Editorial Ficticia y el Instituto de Cultura de Yucatán, en coordinación con el Gobierno del Distrito Federal, a través de la Delegación Tlalpan y el Panteón 20 de Noviembre, invitan a la presentación del libro de cuentos

Pulpo en su tinta y otras formas de morir

de Will Rodríguez

a cargo de

Andrés Acosta, Carlos Antonio de la Sierra, Marcial Fernández

y el autor

Modera: Ana Cecilia Montilla

Performance del Colectivo Visibles

Dir. Ricardo Sandoval

Panteón “20 de Noviembre”

(San Marcos 2 esq. Congreso, Centro de Tlalpan, México, DF)

Sábado 10 de noviembre de 2007, 19:30 hrs.

Brindis de honor/Entrada libre




viernes, 26 de octubre de 2007


Nadie te salvará del cruel quirófano donde opera la realidad: triste circo de los sentidos, mixtura mentirosa.
Capicúa 101



jueves, 25 de octubre de 2007


... la realidad explicada a los idiotas; la realidad puesta a sus pies, desnuda, sobajada; la realidad cortada en cubitos de colores, con números de inventario y código de barras; la realidad hecha realidad a través de la ficción.
Doctor Simulacro