viernes, 1 de octubre de 2010




Yo vencí al Pata Maldita


En el blog El Taller del Ahuizotl, el ilustrador Ahuizotl Gutiérrez nos permite ver parte de su magnífico trabajo en curso para ilustrar uno de mis cuentos. Qué puedo decir yo: me encanta ver cómo cobran vida mis personajes. Así comienza su entrada:

Como les comentaba en el post anterior, a principios de septiembre fui invitado por la Editorial Norma a participar en un libro que será su edición conmemorativa de los 20 años de su Colección Infantil. Este libro está pensado para ser obsequiado en algunas escuelas en los próximos meses.
Aline Hermida la responsable de asignar los cuentos a cada ilustrador se puso en contacto conmigo, y me dió el cuento escrito por Andrés Acosta, ganador del premio Gran Angular el año pasado, títulado: "Yo vencí a Pata Maldita". Es un cuento dirigido a niños de 10 a 12 años que cuenta las aventuras de un balón cuando se enfrenta a un jugador famoso por sus tiros de gran potencia. (Ir al blog)






miércoles, 22 de septiembre de 2010



¡Agua en polvo 
se presenta en la escuela primaria Frida Kahlo, el viernes 24 de septiembre!

lunes, 20 de septiembre de 2010


Conociendo los secretos de un escritor. 

Entrevista a Andrés Acosta


Tal vez te gusten las historias: las que vemos en la tele o en el cine, las que leemos en las revistas, las que escuchamos en las canciones, las que nos cuentan los amigos o la mamá o la vecina. Al escritor Andrés Acosta le gustan tanto las historias, que dedica buena parte de su vida a leerlas y a escribirlas. Entre los textos para niños que Andrés escribió, quizás ya hayas conocido la colección de cuatro cuentos, llamada Agua en polvo. Sus libros saben hacer que los lectores no divirtamos mucho leyéndolos y queramos seguir y seguir y seguir pasando páginas.
En esta entrevista, Andrés Acosta nos dice, entre otras cosas, por qué se dedica a esto de escribir, qué sería si no fuera escritor y si le gustan el deporte, los cómics y las caricaturas.

jueves, 16 de septiembre de 2010


LA UTOPÍA DEL COYOTE Y EL CORRECAMINOS

De cómo me hice poeta, de Andrés Acosta

En la novela De cómo me hice poeta (Ficticia, 2010) el guerrerense Andrés Acosta plantea una trama en la que su protagonista, un jovencito que aún vive con sus padres, decide, tras mirar una película, convertirse en escritor y vivir de las regalías de sus obras, rodeado de lujos y mujeres hermosas.

Durante 48 capítulos transmitidos en sesenta años el Coyote persiguió sin éxito al Correcaminos. Pese a que este peculiar depredador utiliza complejos artefactos Acme —como el hoyo portátil, patines de propusión a chorro, píldoras de terremoto o rocas deshidratadas— el cánido siempre resulta víctima de sus propias celadas.
Como ya sabemos, el Coyote nunca ha atrapado al avechucho de marras (existe un episodio apócrifo donde sucede lo contrario, pero eso es harina de otro costal). Generalmente, el mamífero aparece transido y hambriento. Obsesionado por atrapar al pajarraco, el cual siempre termina alejándose a toda velocidad con su inconfundible bip-bip.
Entre los aprendices a escritor pasa algo parecido: durante años buscan aquello que habrá de convertirlos, como por arte de magia, en escritores consumados. La búsqueda suele enfilarse hacia objetivos como una pluma fuente, una casa llena de libros, una beca o una cuenta bancaria.
La utopía del Coyote es creer que el Correcaminos satisfará su descomunal apetito. La del aspirante a escritor, que la literatura se vende en comprimidos de 500 miligramos, los cuales pueden ingerirse en dosis diarias durante noventa días.
Según Unamuno, las utopías son la sal de la vida. De modo que, para bien o para mal, seguiremos viendo esas huestes de incautos (por cierto, algunos no tan jóvenes) que creen que un diploma que cuelga de su sala les otorgará el cargo vitalicio de poeta. Ignoran que “hacer literatura no es un deber, pues a nadie le urge un escritor”, aclaró alguna vez Yuri Herrera.
En la novela De cómo me hice poeta (Ficticia, 2010) el guerrerense Andrés Acosta plantea una trama relacionada con lo antes mencionado. En ella su protagonista, un jovencito que aún vive con sus padres, decide, tras mirar una película, convertirse en escritor y vivir de las regalías de sus obras, rodeado de lujos y mujeres hermosas.
Naturalmente, como el chaval está desapegado a la escritura y la lectura, elegirá truculentos caminos para conseguir su objetivo. Primero se saldrá de la casa de sus padres. Conseguirá un trabajo en una lavandería (donde cree que encontrará historias fantásticas, lo cual, como ya sabemos, es más falso que el repunte económico de México). Entrará a una escuela de escritores donde aprenderá a creerse escritor, pero no a escribir. Al egresar del mentado plantel se dará cuenta de que no ha escrito absolutamente nada. Ingresará a la burocracia cultural y finalmente a una legión ultrasecreta que pretende cambiar el mundo a partir de atentados ortográficos a los anuncios y comunicados del gobierno.
La novela representa una sátira hacia la maquinaria intelectual y sus insalubres relaciones con el poder político. De cómo me hice poeta nos recuerda a El miedo a los animales de Enrique Serna o La muerte de un instalador de Álvaro Enrigue. También posee cierta afinidad a La muerte del canario del rey de Dylan Thomas y John Davenport. Sin embargo, percibo más cercanía con El hombre que fue jueves, de Chesterton, en la que su protagonista, un joven poeta, ingresa a una secta que pretende cambiar el rumbo de la humanidad.
Sin embargo, Acosta añade a su trama un potente humor que desmarca a la obra de toda pose intelectualoide y la ubica como una lectura de gran deleite. Es decir, lo que importa es cómo critica, mas no la crítica per se.
El chilpancingueño ha incursionado con éxito en la novela policiaca, así como en la literatura infantil y juvenil. Ambos estilos perviven en De cómo me hice poeta y le confieren una fuerza narrativa única, llena de divertido sarcasmo y reflexivos planteamientos sobre el aparato cultural de nuestro país.
Según las reglas del Coyote y el Correcaminos, ninguna fuerza externa puede dañar al cánido, sólo su propia ineptitud o el fallo de los productos de Acme. Con excepción de esto último, la norma también podría aplicarse a los escritores sin talento, como no es el caso de Andrés Acosta, pues de haber sido el Coyote desde hace tiempo habría atrapado al pajarraco y aliviarnos para siempre de su insoportable bip-bip. ®

miércoles, 1 de septiembre de 2010

El Sur
Martes 24 de agosto de 2010, Acapulco, Guerrero


¿Y me hice poeta?


Por Federico Vite
La novela breve del guerrerense Andrés Acosta, Cómo me hice poeta, fue editada por Ficticia en 2010 y obtuvo el Premio Nacional de Novela Juan García Ponce 2008-2009. Este libro de 110 páginas reúne a intentos de escritores en una sátira que recuerda un libro del español José Ángel Mañas: Soy un escritor frustrado.

Vayamos por partes, en Cómo me hice poeta el protagonista confiesa en primera persona su vida. Da cuenta de las ocurrencias de alguien que pretende tener fama, dinero y mujeres al publicar un libro, pero no sabe escribir. Estos anhelos ponen en marcha los engranajes de una novela lineal que se agiliza con anécdotas disparatadas; por ejemplo, los intentos de novelistas y poetas que aparecen en este continente literario se sumergen en las canónicas clases de la Academia de Escritores; intentan escribir, pero les sale espuma. No hay talento ni disciplina. Este documento bien podría ser un manual para quienes asisten con euforia a las fiestas semanales de la Escuela de Escritores de la Sogem en el DF.

La novela utiliza un lenguaje sencillo, la densidad del humor es la cuota que más celebro porque la literatura mexicana sonríe muy poco, se da menos tiempo para buscar en el absurdo la vitalidad de esta época caracterizada por la sin razón, la necesidad de reconocimiento y el miedo al fracaso.
Con este libro, Acosta nos muestra el cariz del continente literario del DF y alguna que otra zona del país que se caracteriza por las fiestas “tira curriculum”, donde la presunción es la norma y el ejercicio solitario de la literatura es cada vez menos atendido.
El motor de Cómo me hice poeta es el anhelo de ser novelista, de romper el bloqueo creativo y superar las primeras trece páginas; incluso se recurre a un “Puntuador” –versión literaria del profesor Miyagi– y a una grupo de saboteadores de carteles, anuncios y mantas, cuyas armas son el punto y la coma. Desfilan pues por estas páginas varias de las simulaciones actuales en la literatura mexicana: sexo virtual, fanatismo literario, pose cultural, el denuesto como deporte familiar y, por supuesto, las traiciones políticas.

Pienso, como les decía hace unos párrafos, que la novela de José Ángel Mañas sería como la gemelo de este libro de Acosta. En el narrador español, la tragedia es similar: el vacío existencial es la norma. Pero no se menciona –ni en Andrés ni en José Ángel– como lo enuncia Vila-Matas en El mal de Montano: la literatura también daña, hiere y seca. Este vacío, el del protagonista de Cómo me hice poeta, habla más de lo inane del medio literario en México. Se enseña que para llegar a las editoriales prestigiadas se debe trabajar con el mismo fragor burocrático de un empleado de servicio federal.
La vida para los escritores con exigencias de fama, sugerida por Acosta, tiene un camino palmario: sufrir a jefes pendejos, corregir escritores inexpertos y dedicarse finalmente a crear poemas cursis, vendibles a las parejas románticas de Coyoacán.
Mañas, en cambio, desnuda las relaciones de poder entre profesores universitarios y el mundo literario. Soy un escritor frustrado (1996) es un psicothriller en el que un novelista también abraza la derrota como respuesta a sus preocupaciones existenciales; incluso, el español hasta se da lujo de burocratizar las relaciones sexuales, de exagerar el duelo por la falta de coito y de matar por el anhelo de poseer una buena novela.
Noto que Soy un escritor frustrado y Cómo me hice poeta son una excelente combinación para entender a los escritores que puebla un circuito de la ciudad de México: Condesa-Coyoacán.

Acosta se burla de un aspecto que pocas veces se menciona en la literatura nacional: el modo gandalla de llegar a las grandes editoriales, a la fama. Seduce pues la vida de escritor, pero no el oficio de corregir y afilar cada palabra.



lunes, 23 de agosto de 2010







Curso en Querétaro para cinéfilos. Se va a poner bueno.



viernes, 20 de agosto de 2010




Presentación de la novela: Cómo me hice poeta
De Andrés Acosta
Comentan: Paul Medrano y Mayra Oyuela
Modera: Iris García
Casona de Juárez, Zócalo de Acapulco
Sábado 28 de agosto 2010
17:00 a 17:50 horas


jueves, 19 de agosto de 2010

ENCUENTRO DE ESCRITORES DEL PACIFICO

Lectura de obra, conferencias, presentaciones de libros, además de talleres literarios es la oferta cultural que ofrece el III Encuentro de Escritores del Pacífico a efectuarse del 24 al 28 de agosto 2010 en la Casona de Juárez ubicada a una cuadra del Zócalo de Acapulco.

BAHÍA DE ACAPULCO


Programa completo, invitados y todo lo demás:
http://encuentrodeescritoresdelpacifico.blogspot.com/





viernes, 13 de agosto de 2010


los buenos libros son un fraude, te hacen creer que puedes escribir uno igual


sábado, 7 de agosto de 2010




Nos vemos en el 3er Encuentro de Escritores del Pacífico
Organizado por el Dúo Dinámico
(Citlali Guerrero y Jeremías Marquines)
En Acapulco, Guerrero


martes, 3 de agosto de 2010




Una reseña de Cómo me hice poeta, de Alejandro Badillo, en su columna El devorador de libros
Martes 1 de junio 2010


El tema del mundo editorial, de los círculos literarios, de la literatura abrevando de la literatura es el leitmotiv de Cómo me hice poeta, obra con la que Andrés Acosta (Chilpancingo, Guerrero- 1964) ganó el premio Juan García Ponce de Novela Breve. Cómo me hice poeta es, ante todo, un ejercicio lúdico y confesional. El lector sigue los pasos de un joven aguijoneado por el deseo de volverse famoso escribiendo novelas. Obsesionado por su sueño, el personaje, desapegado por completo de la lectura y de la escritura, confiando ciegamente en el éxito de su empresa, recurre a distintas estrategias para obtener la fama. Así, en la primera parte de la novela, asistimos a varios escenarios donde un humor carnavalesco es el hilo conductor de la trama: el abandono del hogar paterno, el trabajo en una lavandería pensando que ésta será una fuente inagotable de historias, su inscripción a una escuela de escritores cuyo trastornado director obliga a sus alumnos a realizar ejercicios aeróbicos para convocar la creatividad.

Sin embargo, el arranque de Cómo me hice poeta queda un tanto desvinculado de la segunda parte de la novela. El humor desfachatado, las dificultades de un aspirante a escritor que odia leer libros y que —pese a sus esfuerzos sobrehumanos— no consigue una sola línea, cambia a un tono más ácido que abona a la complejidad del personaje y que lo separa de una simple cadena de anécdotas. En esta parte, el protagonista, después de graduarse sin honores en la escuela de escritores, en permanente sequía creativa, utiliza su obcecación para encontrar trabajo corrigiendo originales en una editorial prestigiosa. La labor tras bambalinas, la humillación del corrector cuya faena queda tras la sombra de un autor afortunado, son elementos que le dan vigor a la novela y la llevan a ámbitos donde la crítica gana en profundidad sin olvidar el divertimento.

A la par de su trabajo editorial, el protagonista se verá inmiscuido en una organización terrorista cuyas armas son los signos de puntuación. Su guía, “El puntuador”, es un tragicómico personaje cuyos postulados ortográficos buscan la sabiduría. El discípulo, entonces, deberá renunciar a la escritura y mirar al mundo sin artificios, como en una especie de Matrix literaria. Después, mediante precisos actos de sabotaje a documentos oficiales —que recuerdan la logia de la novela de Chuck Palahniuk, El club de la pelea— el pequeño grupo de rebeldes encabezado por “El puntuador” planea desestabilizar el sistema a base de comas y puntos. La tergiversación de los textos será cada vez más visceral y pasará de los anuncios públicos y los carteles a un final apoteósico en una reunión de jefes de Estado.

Cómo me hice poeta aborda el ejercicio literario desde la desmesura y la ironía, elementos que no son ajenos a los círculos literarios mexicanos, donde las ansias de poder y la búsqueda de cargos públicos, dejan en el olvido a la literatura. 

lunes, 26 de julio de 2010





Terrorismo gramatical 


(según Federico González, de la revista Vértigo, sección Libros, 6 de junio 2010)

Así inicia la novela: un joven cansado de los mandatos familiares y no de muy buenas calificaciones escolares, incluida la materia de español, decide irse de casa de sus padres para iniciar una carrera literaria. Renta un cuarto, consigue computadora —que no sabe ni encender— y trabajo. Se inscribe en una academia de escritores, donde descubre la necesidad de leer y también de escribir para dedicarse al oficio literario. Uno de los primeros obstáculos con que se encuentra es que no tiene o al menos no sabe que decir. Busca episodios en la calle y en la vida nocturna. Cae en los clichés de todo "disque escritor" y en espera de la inspiración divina el tiempo se le escurre de las manos.
Sin cortapisas, Andrés Acosta (Chilpancigo, 1964) presenta una novela que en principio recuerda piezas como El miedo a los animales de Enrique Serna o La muerte de un instalador de Álvaro Enrigue, en cuanto a la sátira con que traza cierta vida cultural. Con una ironía presenta líneas del tipo: "La frase favorita de mi jefe el Oso negro era: Soy escritor, pero escribir no es preciso". Hace mofa de quienes hicieron de la burocracia su asidero para presumir de literatos pese a su incapacidad para leer y no digamos practicar el ejercicio narrativo.
Pero Acosta va más allá. Tiende un puente entre la sátira y la farsa. Del caricaturizado retrato de la burocracia con pose intelectual, se encamina gracias a un corrector de estilo —medio amargado y medio loco también— a alzar la bandera del terrorismo gramatical. Con cuatro colegas más, el protagonista participa de una célula "criminal" que pretende reivindicar la importancia de los signos de puntuación. Mueven de sitio "comas" y "puntos" para ocasionar desastres que trascienden lo lingüístico y ocasionar incluso inestabilidad social.
Ganadora del premio Nacional de Novela Juan García Ponce, Cómo me hice poeta es una novela tan divertida como punzante. No espere que alguien reconozca semejanzas con los personajes de la obra. Seguro a nadie le quedará el saco y en el peor de los casos ignoren directamente del ejercicio propuesto por el narrador guerrerense. No obstante, Andrés Acosta construye una historia que se mueve por dos pistas: la caricaturización de la élite intelectual y la delirante defensa del idioma promovida por los defensores de la puntuación. Por desgracia ambos ejes no tienen la misma contundencia y el impacto disminuye. En cualquier caso la novela mantiene un tamiz oscuro, que por desgracia difícilmente tendrá eco en esa extraña entelequia llamada "República de las letras".


Otros títulos de Andrés Acosta son Capicúa 101 y Doctor Simulacro. 



sábado, 17 de julio de 2010



cosas que se ven en la calle


lunes, 12 de julio de 2010




Mañana, martes 13 de julio, buen día para charlar sobre OlFaTO con los alumnos de Anamari Gomís en la Universidad del Claustro de Sor Juana y además tallerear juntos sus textos.



viernes, 9 de julio de 2010



Tomado del blog 


De vampiros y rock
Una lectura bastante atractiva, fluida, nada pretenciosa. Y que conste que no conozco personalmente al autor. De repente esas son las ventajas de compartir el camino con una pre-adolescente semi-oscura, Luna en cuarto creciente. Caminamos, ella y yo, una tarde por los pasillos del Fondo de Cultura Económica. Revisamos los estantes colmados de libros de distinta estirpe, elegimos éste y aquél, cada quién por su lado. De pronto ella me muestra el que tiene entre las manos, evidentemente ha llamado su atención por la portada. Nos lo llevamos. Con todo y que el tema central está tan de moda, no nos hemos encontrado entre sus páginas a un vil oportunista. Insisto, se trata más bien de una lectura honesta, cero pretenciosa. De esos días para acá, mi compañera de aventuras, la semi-adolescente en cuarto creciente, se ha enamorado de Lacrimosa, se interesa por Wagner, los últimos días no hace más que preguntar: ¿Qué habrá pasado con Draga, cuáles serán los sentidos predominantes de Edin y Kemal, hay bandas de metal en español? Juntos visitamos el blog del joven Fulvio, allí la pre-adolescente busca ansiosa una imagen de su nueva amiga, Draga. Y cuando revisamos en youtube el trailer del libro, los ojitos le brillan, me pregunta: ¿O sea que va a haber una película? No, fue mi respuesta, por lo pronto no. Pero no sabemos más adelante. Mientras tanto ustedes, queridos todos, adolescentes o no, no pierdan la oportunidad de leer a este inquieto y atrevido literato mexicano. Se llama Andrés Acosta. El título del libro: Olfato. Lo van a disfrutar.


jueves, 8 de julio de 2010




La charla de ayer, con los promotores de lectura de IBBY (organizada por Luis Téllez), resultó de lo más agradable durante la lluviosa tarde. Dimos vida a esa extraña cofradía de los que todavía se apasionan con los libros.


lunes, 5 de julio de 2010

sábado, 3 de julio de 2010





Taller de Narrativa Infantil y Juvenil


Dirigido a cualquiera que desee escribir narrativa para público infantil y juvenil.
Metodología: En la primera parte de cada sesión habrá un acercamiento a los aspectos esenciales de la narrativa infantil y juvenil. En la segunda, se privilegiará la práctica a través de ejercicios y del tallereo de los textos que los asistentes aporten libremente. 
Programa: 


I Origen y desarrollo actual de la narrativa infantil y juvenil

II El punto de vista de niños y jóvenes

III El binomio fantástico de Gianni Rodari

IV Las 31 funciones de Vladimir Propp, en los cuentos populares

V Proyectos y escaletas

VI Uso del lenguaje propio del género

VII Los personajes

VIII Argumentos

IX La acción

X Los diálogos

XI Los finales

XII Cómo presentar originales a editores y concursos 

Duración: 12 sesiones de 2 horas. Lunes de 18 a 20 horas. 
Inicia lunes 16 de agosto 2010

Impartido por: Andrés Acosta (Guerrero, 1964), ha escrito guiones para TV y publicado 14 obras de narrativa para público infantil, juvenil y adulto. Entre ellas, destacan las novelas juveniles: El complejo de Faetón (Ediciones SM, 2006, seleccionada por la sep para el programa Bibliotecas de Aula 2008-2009) y OLFATO (Ediciones SM, 2009, Premio Gran Angular de Literatura) y los libros de cuento infantil: Lavadora de culpas (conaculta, 2006, Premio de la Feria Internacional de Literatura Infantil y Juvenil) y Agua en polvo (Norma, 2010). Su obra de teatro para títeres, No pronuncies ese nombre, obtuvo el tercer lugar en el Primer Concurso de Obra sobre Alebrijes, y se estrenó este año, con una temporada de 50 representaciones.

Informes e inscripciones:
Eleuterio Méndez # 11, esquina con Héroes del 47Col. San Mateo Churubusco Coyoacán 11270 México, D. F.  Tels. 56882314, 56880597, 56041738 deescritoresescuela@gmail.com    escuelasogem@gmail.com