sábado 21 de noviembre de 2009




jueves 19 de noviembre de 2009




Escribamos una novela

Morris encontró Escribamos una novela cinco minutos más tarde. No tenía sobrecubierta, probablemente porque se había roto, y por eso no localizaron el libro enseguida. Había sido editado en 1927 y formaba parte de una serie que comprendía Hagamos una alfombra, Vayamos de pesca y Divirtámonos con la fotografía. "Toda novela debe narrar una historia", comenzaba.

-¡Claro, hombre, claro! -comentó sarcásticamente Morris.

"Hay tres tipos de novela: la que tiene un final feliz, la que tiene un final desgraciado y la que no tiene final feliz o desgraciado, es decir, con otras palabras, la que, en realidad, no tiene final."

¡Aristóteles vive! Morris se sintió intrigado, a su pesar. Miró la primera página para ver el nombre del autor. "A. J. Beamish, autor de Una muchacha sincera pero distante, Misterio salvaje, Glynis, la bella del valle, etc, etc." Morris continuó leyendo.

"La mejor clase de novela es la que tiene un final feliz; luego viene la que tiene un final desgraciado, y la peor de todas es la que no tiene final. Es aconsejable que el novicio empiece con la primera clase de novela. De hecho, a menos que se tenga verdadero genio, nunca se debería intentar escribir novelas de cualquier otra clase."

-En eso acertaste, Beamish -murmuró Morris Zapp.

Después de todo, era posible que aquella manera directa y sencilla de exponer el tema fuera provechosa para los estudiantes de lengua y literatura inglesas 305, que en su mayoría eran unos mamones vagos y pretenciosos que se creían capaces de escribir la Gran Novela Estadounidense simplemente mecanografiando sus confesiones más íntimas con los nombres cambiados. Morris dejó el libro sobre su escritorio para leerlo más tarde.

David Lodge / Intercambios





Gilberto Rendón también estuvo en la FILIJ 2009

Gilberto Rendón Ortiz (14 de Febrero de 1946) es autor de más de 50 títulos de Literatura Infantil y Juvenil (LIJ). Premio Nacional de Cuento Juan de la Cabada (1981, 1982), Premio Casa de las Américas (1981), Premio Miscaltia (1997), Premio Gran Angular (1998), Lista de Honor IBBY (2000), Premio El Barco de Vapor (1998), White Ravens de la Biblioteca Internacional de Munich, Alemania (1991, 2000), Premio Castillo de la Lectura (2003), entre muchos otros.

martes 17 de noviembre de 2009



El sueño de la pantera, de María Baranda, novela infantil de una poeta con excelente pulso narrativo, también estuvo en la FILIJ 2009



sábado 14 de noviembre de 2009


Huele bien


Por Andrea Rodríguez
Olfato, ganadora del Premio Gran Angular, es una novela juvenil que supera los clichés existentes para hablar del mundo de los vampiros. Cuenta la historia de Fulvio, un metalero que conoce a una chica que le cambia la vida y lo lleva a buscar respuestas más allá de lo natural.


Fuente: Primera Fila, suplemento del periódico REFORMA
Viernes, 06 de noviembre de 2009


jueves 12 de noviembre de 2009


El colectivo Voz y Mirada de España y América es un encuentro de sensibilidades y voluntades en la lengua española.
Escritores y poetas pero también educadores y bloggers.
Escritores, educadores y poetas que se han vuelto bloggers y bloggers que se han descubierto escritores, educadores y poetas.
Todo en el ritmo vertiginoso de Internet pero con la voluntad de reflexionar, de hacer un alto en el camino y recoger la flor imposible del asombro: estoy vivo, ahora y aquí, en un mundo que cada vez se hace más pequeño, donde las distancias se suprimen y se conquista, en la voz y la mirada, el sentido profundo del ahora, la dimensión esencial del aquí.

Voz y Mirada de España y América se presenta casi simultáneamente el viernes 13 de noviembre en dos ciudades que tienen el mismo nombre. León, España y León, México.

Bajo el lema "El León mexicano y el León español sueñan y rugen juntos", en el Primer Congreso de la Palabra en México y en el Ayuntamiento de la ciudad española de León, que aspira al status de Ciudad Literaria ante la UNESCO, María García Esperón y Asunción Carracedo presentan oficialmente un proyecto que ya late poderoso en Internet a través de videos donde la poesía que anda por la calle se expresa en la voz, las imágenes que se descubren con una sencilla cámara al recorrer las calles de siempre se resignifican en la mirada.

Los videos así realizados no aspiran a ser producciones profesionales sino medios para transmitir el poema. Y algo misterioso ocurre cuando una poeta española pronuncia las palabras castellanas de un poeta peruano. Cuando un escritor mexicano dice el poema de una autora española. Cuando un poeta argentino se dice a sí mismo. Y cuando toda esa oralidad se transmite con los ojos bien abiertos, en la misma fe poética, en la misteriosa reunión que acontece a la luz de la Palabra.

Voces y Miradas

Anabel Sáiz Ripoll
Escritora, poeta, conferenciante y articulista española.
Es doctora en Filología hispánica y catedrática en secundaria.
Una de las principales especialistas en literatura
infantil y juvenil en castellano y catalán.
Es autora de Lunas y Estrellas,
Puntos Cardinales,
Las prosificaciones en las cantigas de Alfonso X el Sabio
y Quiero ser primavera,
entre otros libros.
Vive en Vila-seca, Tarragona, España.


Ana Laura Delgado

Editora mexicana fundadora de Ediciones El Naranjo.
La editorial se ha ganado el reconocimiento internacional gracias a sus muy cuidadas ediciones que reivindican para el libro y el lector el derecho de soñar e imaginar.
Ha obtenido importantes reconocimientos en ferias del libro nacionales e internacionales, siendo el último el premio CANIEM. Recientemente impulsa a través de internet el club Sácale Jugo a la Lectura.
Vive en la Ciudad de México.


Andrés Acosta

Escritor mexicano.
Ha obtenido el Premio Gran Angular 2009
por su novela OLFATO y el Premio Juan García Ponce
de Novela Corta 2009 por su novela Cómo me hice poeta.
Cultiva tanto la novela negra como la narrativa juvenil y el cuento. Participa activamente en la vida cultural e imparte talleres y cursos de narrativa.
Vive en la Ciudad de México.


Asunción Carracedo

Escritora, poeta y promotora cultural española.
Licenciada en Biología y Maestra de Música.
Creó en el año 2000 junto con su marido la empresa Davidown, en la que trabajan personas con discapacidad.
Activa promotora de la literatura infantil y juvenil. Es autora del libro Oto y el Hada. Ha publicado su poesía a través de su blog Amigos de papel. Vive en la ciudad de León, en España.


Antonio Orlando Rodríguez
Escritor, editor y periodista cubano. Fundador, al lado de Sergio Andricaín, de la revista electrónica Cuastrogatos, dedicada a la literatura infantil y juvenil. Autor de estudios sobre LIJ y de numerosos libros de poesía y narrativa: El rock de la momia, Mi bicicelta es un hada y otros secretos por el estilo, La Isla Viajera. En 2008 obtuvo el Premio Alfaguara por su novela Chiquita. Vive en Miami, Estados Unidos.

Carlos Marianidis


Escritor, poeta y dramaturgo argentino.
Cursó estudios de violín y psicología.
Ganó el premio "Casa de las Américas" por la novela Nada detiene a las golondrinas, que integra el catálogo de la Biblioteca Internacional de la Juventud de Munich. En 2008 fue premiado por las Naciones Unidas. Recientemente ha publicadoLas sombras perdidas y otras historias, Corazón de colibrí y Recetario de juegos.
Vive en Buenos Aires, Argentina.


Jaime Alfonso Sandoval

Escritor mexicano dedicado a la literatura infantil y juvenil. Ha obtenido varias veces los premios Gran Angular y Barco de Vapor. Sus libros
El Club de la Salamandra, La Ciudad de las Esfinges, Padres Padrísimos, Fantasmas, espectros y otros trapos sucios son favoritos entre los niños y jóvenes de México.
Su novela República Mutante ha sido traducida al francés. Recientemente obtuvo el primer lugar en el Concurso de cuentos de Ciencia y Tecnología de la Ciudad de México por su relato Aldo y el celular maravilloso.
Vive en la Ciudad de México.


Marcelo Suárez De Luna

Escritor, poeta y blogger argentino. Es también abogado.
Ha construido una muy original propuesta literaria a través
de su blog La menor idea, donde en el lapso de un año
se ha convertido en un autor de culto en el mundo blog.
Cultiva la literatura fantástica, el género negro, el microrrelato, la crónica urbana, el humor y la poesía.
Creador del género Poesía Imperfecta.
Encabeza proyectos de colaboración y experimentación multimedia con otros bloggers.


María García Esperón

Escritora mexicana. Se dedica a la literatura infantil y juvenil y a la danza flamenca. Ha obtenido el Premio Barco de Vapor por la novela
El Disco del Tiempo, el Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños por Tigres de la otra noche y el Premio Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil Norma Fundalectura por Querida Alejandría. Ha publicado en España su novela Mi abuelo Moctezuma. Vive en Querétaro y en la Ciudad de México.


Oliverio Sinpnig

Fotógrafo y videoasta argentino. Ha elaborado una innovadora propuesta visual como un diario constituido por videos de breve duración que ha publicado tanto en
youtube.com/sinpnig como en el portalwww.livestream.com/vacadenarizsutil. Realiza cuadros sin sujeto y nunca interfiere en la naturaleza del plano, lo que da lugar a una rara y muy contemporánea poética.
Vive en Buenos Aires, Argentina.


Orlando Granda
Poeta peruano. Profesor de Lengua y Literatura. Ha publicado los poemariosEn el barranco, El Libro de Kathia.
Coeditor de la revista de poesíaTocapus.
Sus obras se incluyen en las antologías de poesía peruana contemporánea. Ha incursionado en la literatura infantil y juvenil con su libro
El Duende Rancapino.
En prensa se encuentra su poemario para niños
El libro de los lápices mágicos.
Vive en Barranco, Perú.


Pedro Villar
Poeta y educador español.
Se ha dedicado por completo a la escritura y promoción de la poesía para niños. Fue jurado del Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños 2008.
Su blog Cuaderno de Apuntes se ha constituido en el referente obligado
de la literatura infantil y juvenil que se publica en español.
Ha publicado, entre otros, los libros El bosque de mi abecedario y
Los animales de la Lluvia.
Vive en Villena (Alicante), España.


Rosa Serdio

Poeta, educadora y promotora cultural española.
Desde su aula en el Colegio Público Elena Sánchez Tamargo,
en Pola de Laviana, Asturias, ha forjado cientos de lectores.
Ha inspirado y animado a los pricipales escritores españoles
de literatura infantil y juvenil, en especial a Alfredo Gómez Serdá,
que la ha convertido en personaje de dos de sus libros:
Las trenzas de Luna y El ratón de Laviana.
Obtuvo el Premio Nacional Leer es Vivir de Everest en el apartado Animación a la Lectura. Lleva el blog de interacción con autores, maestros y estudiantesrosaserdio.blogspot.com.
Vive en Sama de Langreo (Asturias), España.

Participan también:

Diana Alejandra Morales (Colombia), Mercedes Calvo (Uruguay), Elba García (Islas Canarias, España), Marisa Company Valls (Valencia, España), Marlene Pasini (México),Yolanda Lacarieri (México), Rosario Ponce (México), Pelusa Oliveras (Argentina), Alejandra Moglia (Argentina)


martes 10 de noviembre de 2009


algunas fotos de OLFATO en la FILIJ 2009








domingo 8 de noviembre de 2009

Mañana, lunes 9 de noviembre a las 6 pm, entrevista sobre

OLFATO en la FILIJ,

en el 95.7 de FM XHUPC El Politécnico en Radio

dentro del programa

“Entre libro y café” programa radiofónico que se transmite una vez por semana los días lunes de 6:00 a 7:00 pm, por la frecuencia del 95.7 FM “El Politécnico en Radio”.
Los objetivos de este programa son establecer comunicación con el auditorio a través de la literatura, haciendo uso de los diversos géneros literarios, así como ofrecer un espacio para el fomento de la lectura a través de secciones amenas y sin pretensiones, tales como: sabía usted qué?, para que no te cuenten el cuento, ver para leer, los puntos sobre las ies, el dichoso dicho, el libro de la semana, presentaciones, hojas de café y la entrevista.

http://www.radio.ipn.mx/sitio/

sábado 7 de noviembre de 2009


Los múltiples talentos de María García Esperón han hecho posible que la Justine, de OLFATO, tome la palabra en este magnífico videoclip del proyecto Voz y Mirada:


martes 3 de noviembre de 2009



Presentación de OLFATO y firma de libros en la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil


Domingo 8 de noviembre
12:00 hrs.
Presentación de OLFATO, Premio Gran Angular 2009

13: 00 hrs
Firma de libros

Ediciones SM / Conaculta

Aula Magna José Vasconcelos
Centro Nacional de las Artes
Río Churubusco y Calzada de Tlalpan, Metro General Anaya, Ciudad de México.



La autora de libros tan estupendos como "Querida Alejandría", "Tigres de la otra noche" y "El disco del tiempo" ha escrito una reseña de OLFATO. ¡Gracias, María!


13

03-11-2009 01:41

Olfato: cómo convertirse en vampiro

La nueva novela de Andrés Acosta -Premio Gran Angular 2009- derriba el cliché de la novela de vampiros para adolescentes y sorprende al lector con su juego narrativo

Los vampiros están de moda. Inundan las carteleras y provocan tumultos. Atraen a los adolescentes, sobre todo. La palidez del rostro, la boca manchada de sangre, los ojos hundidos, el Eros-Thanatos desdibujado a la luz de las velas o sugerido en los perfiles de castillos abandonados de la Europa occidental. ¡Quién pudiera acceder, a través de una mordida, a una inmortalidad lánguida, temerosa de la luz, difusa!

Esos son los ingredientes de la moda del vampiro que de novelas a celuloide trasnocha leyendas medievales y mitos románticos sin renovarse. Pero llega el escritor mexicano Andrés Acosta con su OLFATO (Premio Gran Angular México 2009) y sorprende con la frescura del tratamiento del tema, con la superación del cliché y con la reivindicación para lo literario que entrega ¡por fin! a la vampirología mexicana...


sábado 31 de octubre de 2009


Ely Guerra cantó también a capela durante la entrega de los premios Barco de Vapor y Gran Angular 2009, en San Ildefonso, aquella noche del 1 de octubre:




jueves 29 de octubre de 2009


Mañana, viernes 30 de octubre, entrevista en Radio Ibero 90.9 FM, de las 12 del día a las 13 horas, para hablar de OLFATO y de "Cómo me hice poeta".

http://www.ibero909.fm/

Fuente: www.ibero909.fm
Radio station, Mexico City, College Radio station

martes 27 de octubre de 2009



He aquí el adelanto de OLFATO




lunes 26 de octubre de 2009



El binomio fantástico, de Gianni Rodari

En realidad, no basta un polo eléctrico para provocar una chispa, hacen falta dos. Una palabra sola «reaccio­na» («Búfalo. Y el nombre reaccionó...», dice Montale) sólo cuando encuentra una segunda que la provoca y la obliga a salir del camino de la monotonía, a descubrirse nuevas capacidades de significado. No hay vida donde no hay lucha. Esto se produce porque la imaginación no es una facultad cualquiera separada de la mente: es la mente misma, en su conjunto, que aplicada a una actividad o a otra, se sirve siempre de los mismos procedimientos. Y la mente nace en la lucha, no en la quietud. Ha escrito Henry Wallon, en su libro «Los orígenes del Pensamiento en el Niño», que el pensamiento se forma en parejas. La idea de «blando» no se forma primero ni después que la idea de «duro», sino que ambas se forman contemporáneamen­te, en un encuentro generador: «El elemento fundamental del pensamiento es esta estructura binaria y no cada uno de los elementos que la componen. La pareja, el par son elementos anteriores al concepto aislado.» Así tenemos que «en el principio era la oposición». Del mismo parecer se nos muestra Paul Klee cuando escribe, en su «Teoría de la forma y de la figuración», que el concepto es imposible sin su oponente. No existen conceptos aislados, sino que por regla son «binomios de conceptos». Una historia sólo puede nacer de un «binomio fantástico». «Caballo-perro» no es un auténtico «binomio fantástico». Es una simple asociación dentro de la misma clase zoológica. La imagen asiste indiferente a la evocación de los dos cuadrúpedos. Es un arreglo de tercera categoría que no promete nada excitante. Es necesaria una cierta distancia entre las dos palabras, que una sea suficientemente extraña a la otra, y su unión discretamente insólita, para que la imaginación se ponga en movimiento, buscándoles un parentesco, una situación (fantástica) en que los dos elementos extraños puedan convivir. Por este motivo es mejor escoger el «binomio fantástico» con la ayuda de la «casualidad». Las dos palabras deben ser escogidas por dos niños diferentes, ignorante el primero de la elección del segundo; extraídas casualmente, por un dedo que no sabe leer, de dos páginas muy separadas de un mismo libro, o de un diccionario. Cuando era maestro, mandaba a un niño que escribiera una palabra sobre la cara visible de la pizarra, mientras que otro niño escribía otra sobre la cara invisible. El pequeño rito preparatorio tenía su importancia. Creaba una expectación. Si un niño escribía, a la vista de todos, la palabra «perro», esta palabra era ya una palabra especial, dispuesta para formar parte de una sorpresa, a formar parte de un suceso imprevisible. Aquel «perro» no era un cuadrúpedo cualquiera, era ya un personaje de aventura, disponi­ble, fantástico. Le dábamos la vuelta a la pizarra y encontrába­mos, pongamos por caso, la palabra «armario», que era recibida con una carcajada. Las palabras «ornitorrinco» o «tetraedro» no habrían tenido un éxito mayor. Ahora bien, un armario por sí mismo no hace reír ni llorar. Es una presencia inerte, una tontería. Pero ese mismo armario, haciendo pareja con un perro, era algo muy diferente. Era un descubrimiento, una invención, un estímulo excitante. He leído, años después, lo que ha escrito Max Ernst para explicar su concepto de «dislocación sistemática». Se servía justamente de la imagen de un armario, el pintado por De Chirico en medio de un paisaje clásico, entre olivos y templos griegos. Así «dislocado», colocado en un contexto inédito, el armario se convertía en un objeto misterioso. Tal vez estaba lleno de vestidos y tal vez no: pero ciertamente estaba lleno de fascinación. Viktor Slokovsky describe el efecto de «extrañeza» (en ruso «ostranenije») que Tolstoi obtiene hablando de un simple diván en los términos que emplearía una persona que nunca antes hubiese visto uno, ni tuviera idea alguna sobre sus posibles usos. En el «binomio fantástico» las palabras no se toman en su significado cotidiano, sino liberadas de las cadenas verbales de que forman parte habitualmente. Las palabras son «extrañadas», «dislocadas», lanzadas una contra otra en un cielo que no habían visto antes. Es entonces que se encuentran en la situación mejor para generar una historia.

Gianni Rodari / Gramática de la fantasía


viernes 23 de octubre de 2009



LO NEGRO DEL POLICÍACO, SEGÚN PIGLIA

¿Cómo definir ese género policíaco al que hemos convenido en llamar de la serie negra según el título de una colección francesa? A primera vista parece una especie híbrida, sin límites precisos, difícil de caracterizar, en la que es posible incluir los relatos más diversos. Basta leer La jungla de asfalto de Burnett, ¿Acaso no matan a los caballos? de McCoy, El cartero llama dos veces de Cain, El largo adiós de Chandler o La maldición de los Dain de Hammett, para comprender que es difícil encontrar aquello que los unifica. De hecho el género se constituye en 1926 cuando el "Capitán" Joseph T. Shaw se hace cargo de la dirección de Black Mask, pulp magazine fundado en 1920 por el muy refinado crítico Henry L. Mencken. El "Capitán" (personaje digno de un film de Samuel Fuller, típico en la mitología de la literatura norteamericana) campeón de sable, afecto al póker y al whisky de maíz, no escribió nunca una línea pero fue el verdadero creador del género. (Esto es, sin duda, lo que reconoce Hammett al dedicarle Cosecha roja, su primera novela.) Shaw cumple en la historia de la literatura norteamericana el mismo papel mítico que aquel jefe de redacción del Toronto Star que, según Hemingway, le enseñó a escribir en prosa. (Un eco de importancia que tiene el editor en la definición de la narrativa norteamericana lo da en estos años Harold Ross, director del New Yorker. Los cuentos de Salinger, Updike, Cheever, entre otros, llevan en más de un sentido el sello de la revista.) Shaw le dio a Black Mask una línea y una orientación y todos los grandes escritores del género (antes que nada Dashiell Hammett, pero también Horace McCoy, William Burnett, Raoul Whitfield, James Cain, Raymond Chandler) publicaron sus primeros relatos en la revista. De entrada definió un programa: su ambición era publicar un tipo de relato policiaco "diferente del establecido por Poe en 1841 y seguido fielmente hasta hoy". Determinado, en el comienzo, por su diferencia con la obra policiaca clásica, el género encuentra allí, provisoriamente, su unidad. Así podemos empezar a analizar esos relatos por lo que no son: no son narraciones policiacas clásicas, con enigma, y si se los lee desde esa óptica (como hace, por ejemplo, Jorge Luis Borges) son malas novelas policíacas.
Lo que en principio une a los relatos de la serie negra y los diferencia de la obra policiaca clásica es un trabajo diferente con la determinación y la causalidad. La obra policiaca inglesa separa el crimen de su motivación social. El delito es tratado como un problema matemático y el crimen es siempre lo otro de la razón. Las relaciones sociales aparecen sublimadas: los crímenes tienden a ser gratuitos porque la gratuidad del móvil fortalece la complejidad del enigma. Habría que decir que en esos relatos se trabaja con el esquema de que a mayor motivación menos misterio. El que tiene razones para cometer un crimen no debe ser nunca el asesino: la retórica del género nos ha enseñado que el sospechoso, al que todos acusan, es siempre inocente. Hay una irrisión de la determinación que responde a las reglas mismas del género. El detective nunca se pregunta por qué, sino cómo se comete un crimen y el milagro del indicio, que sostiene la investigación, es una forma figurada de la causalidad. Por eso el modelo del crimen perfecto que desafía la sagacidad del investigador es, en última instancia, el mito del crimen sin causa. La utopía que el género busca como camino de perfección es construir un crimen sin criminal que a pesar de todo se logre descifrar: en este sentido si la historia interna de la narración policiaca clásica se cierra en algún lado hay que pensar en El proceso de Kafka que invierte el procedimiento y construye un culpable sin crimen.
Los relatos de la serie negra (los thriller como los llaman en Estados Unidos) vienen justamente a narrar lo que excluye y censura la novela policiaca clásica. Ya no hay misterio alguno en la causalidad: asesinatos, robos, estafas, extorsiones, la cadena siempre es económica. El dinero que legisla la moral y sostiene la ley es la única razón de estos relatos donde todo se paga. Allí se termina con el mito del enigma, o mejor, se lo desplaza. En estos relatos el detective (cuando existe) no descifra solamente los misterios de la trama, sino que encuentra y descubre a cada paso la determinación de las relaciones sociales. El crimen es el espejo de la sociedad, esto es, la sociedad es vista desde el crimen: en ella (para repetir a un filósofo alemán) se ha desgarrado el velo de emocionante sentimentalismo que encubría las relaciones personales hasta reducirlas a simples relaciones de interés, convirtiendo a la moral y a la dignidad en un simple valor de cambio. Todo está corrompido y esa sociedad (y su ámbito privilegiado: la ciudad) es una jungla: "el autor realista de novelas policiacas --escribe Chandler en El simple arte de matar-- habla de un mundo en el que los gángsters pueden dirigir países: un mundo en el que un juez que tiene una bodega clandestina llena de alcohol puede enviar a la cárcel a un hombre apresado con una botella de whisky encima. Es un mundo que no huele bien, pero es el mundo en el que usted vive. No es extraño que un hombre sea asesinado pero es extraño que su muerte sea la marca de lo que llamamos civilización".
En el fondo, como se ve, no hay nada que descubrir, y en ese marco no sólo se desplaza el enigma sino que se modifica el régimen del relato. Por lo pronto el detective ha dejado de encarnar la razón pura.
Así, mientras en el relato policiaco clásico todo se resuelve a partir de una secuencia lógica de hipótesis, 39 deducciones con el detective inmóvil, representación pura de la inteligencia analítica (un ejemplo a la vez límite y paródico puede ser el Isidro Parodi de Borges y Bioy Casares que resuelve los enigmas sin moverse de su celda), en la novela policiaca norteamericana no parece haber otro criterio de verdad que la experiencia: el investigador se lanza, ciegamente, al encuentro de los hechos, se deja llevar por los acontecimientos y su investigación produce, fatalmente, nuevos crímenes. El desciframiento avanza de un crimen a otro; el lenguaje de la acción es hablado por el cuerpo y el detective, antes que descubrimientos, produce pruebas. Por otro lado ese hombre que en el relato representa a la ley sólo está motivado por el dinero: el detective es un profesional, alguien que hace su trabajo y recibe un sueldo (mientras que en la novela clásica el detective es generalmente un aficionado, a menudo, como en Poe, un aristócrata, que se ofrece desinteresadamente a descifrar el enigma). Curiosamente es en esta relación explícita con el dinero (los 25 dólares diarios de Marlowe) donde se afirma la moral; restos de una ética calvinista en Chandler, todos están corrompidos menos Marlowe: profesional honesto, que hace bien su trabajo y no se contamina, parece una realización urbana del cowboy. "Si me ofrecen 10.000 dólares y los rechazo, no soy un ser humano", dice un personaje de James Hadley Chase. En el final de El gran sueño, la primera novela de Chandler, Marlowe rechaza 15.000. En ese gesto se asiste al nacimiento de un mito. ¿Habrá que decir que la integridad sustituye a la razón como marca del héroe? Si la novela policiaca clásica se organiza a partir del fetiche de la inteligencia pura, y valora, sobre todo, la omnipotencia del pensamiento y la lógica abstracta pero imbatible de los personajes encargados de proteger la vida burguesa, en los relatos de la serie negra esa función se transforma y el valor ideal pasa a ser la honestidad, la "decencia", la incorruptibilidad. Por lo demás se trata de una honestidad ligada exclusivamente a cuestiones de dinero. El detective no vacila en ser despiadado y brutal, pero su código moral es invariable en un solo punto: nadie podrá corromperlo. En las virtudes del individuo que lucha solo y por dinero contra el mal, el thriller encuentra su utopía. No es casual en fin, que cuando el detective desaparezca de la escena la ideología de estos relatos se acerque peligrosamente al cinismo (caso Chase) o mejor, cuando el detective se corrompe (caso Spillane) los relatos pasan a ser la descripción cínica de un mundo sin salida, donde la exaltación de la violencia arrastra vagos ecos del fascismo. Asistimos ahí a la declinación y al final del género: su continuación lógica serán las novelas de espionaje. Visto desde James Bond, Philip Marlowe es Robinson Crusoe que ha vuelto de la isla.
La transformación que lleva de la obra policiaca clásica al thriller no puede analizarse según los parámetros de la evolución inmanente de un género literario como proceso autónomo. Es cierto que la novela policiaca clásica se había automatizado (en el sentido en que usan este término los formalistas rusos) pero esa automatización (denunciada por Hammett y Chandler y parodiada en novelas como La ventana alta y El hombre flaco) y el desgaste de los procedimientos no puede explicar el surgimiento de un nuevo género, ni sus características. De hecho, es imposible analizar la constitución del thriller sin tener en cuenta la situación social de los Estados Unidos hacia el final de la década del 20. La crisis en la Bolsa de Wall Street, las huelgas, la desocupación, la depresión, pero también la ley seca, el gangsterismo político, la guerra de los traficantes de alcohol, la corrupción: al intentar reflejar (y denunciar) esa realidad los novelistas norteamericanos inventaron un nuevo género. Así al menos lo creía Joseph T. Shaw quien al definir la función de Black Mask señalaba que el negocio del delito organizado tenía aliados políticos y que era su deber revelar las conexiones entre el crimen, los jueces y la policía. En 1931 declaró: "Creemos estar prestando un servicio público al publicar las historias realistas, fieles a la verdad y aleccionadoras sobre el crimen moderno, de autores como Dashiell Hammett, Burnett y Whitfield". En este sentido la novela policiaca se conecta con un proceso de conjunto de la literatura norteamericana de esos años. El pasaje de los twenties al New Deal está signado por la toma de conciencia social de los escritores norteamericanos. El ejemplo más notable es el de Scott Fitzgerald (hay que leer su Notebook donde se define como socialista o analizar en ese marco El último magnate y las notas que acompañaron la redacción de esa novela) pero el proceso alcanza también a Faulkner (basta ver su saga de los Snopes) y por supuesto a Hemingway (que en los años 30 no sólo trabaja por la República Española e integra el Comité de Escritores Antifascistas, sino que colabora en New Masses, periódico del PC). Son los años de la literatura proletaria, de la Partisan Review en la que Edmund Wilson, Lionel Trilling y Mary McCarthy defienden posiciones radicals; los años en que Dos Passos publica su trilogía (U.S.A.), Steinbeck Viñas de ira, Michael Gold Judíos sin dinero, Caldwell El camino del tabaco, Hemingway Tener y no tener (cuyo primer capítulo, publicado antes como cuento con el título de "On Trip Across" es un modelo de thriller); los años en que empiezan a publicar sus libros, desde la misma óptica, Nathaniel West, Katherine Ann Porter, Daniel Fusch, Nelson Algren, John O'Hara. Los escritores de Black Mask están ligados a esa tendencia: el caso de Hammett (también él colaborador de New Masses) es el más conocido y Lillian Hellman lo ha narrado, con cierta incómoda distancia, en el retrato biográfico que prologa Dinero sangriento.
EI thriller surge como una vertiente interna de la literatura norteamericana y la constitución del género debe ser pensada en el interior de cierta tradición típica de la literatura norteamericana (lo que podríamos llamar el costumbrismo social que viene de Ring Lardner y de Sherwood Anderson) antes que en 40 relación con las reglas clásicas del relato policiaco. En la historia del surgimiento y la definición del género el cuento de Hemingway "Los asesinos" (1926) tiene el mismo papel fundador que "Los crímenes de la calle Morgue" (1841) de Poe con respecto a la novela de enigma. En esos dos matones profesionales que llegan de Chicago para asesinar a un ex boxeador al que no conocen, en ese crimen por encargo que no se explica y en el que subyace la corrupción en el mundo del deporte, están ya las reglas del thriller, en el mismo sentido en que las deducciones del caballero Dupin de Poe preanunciaban toda la evolución de la novela de enigma desde Sherlock Holmes a Hercules Poirot. Por lo demás en ese relato (y en el primer Hemingway) está también la técnica narrativa y el estilo que van a definir el género: predominio del diálogo, relato objetivo, acción rápida, escritura blanca y coloquial. (No es casual que Chandler haya comenzado por escribir una parodia de Hemingway, The Sun Also Sneezes, "dedicado sin ninguna razón al mayor novelista norteamericano actual: Ernest Hemingway" o que Hemingway se llame uno de los personajes de Adiós, muñeca.) Por lo demás en 1931 aparece Santuario de Faulkner que puede ser considerada una de las mejores novelas del género y que tiene un papel clave en su transformación. Porque el desarrollo del thriller hacia formas cada vez más alejadas del relato policiaco propiamente dicho (como' de un modo u otro lo practicaban Hammett o Chandler) está marcado por la primera novela de James Hadley Chase, El secuestro de la señorita Blandish (1937) que no es más que un remake de Santuario.
El thriller es uno de los grandes aportes de la literatura norteamericana a la ficción contemporánea.
Nacido en una coyuntura histórica precisa, literatura social de notable calidad, el género se cristaliza y culmina en la década del 30: El largo adiós de Chandler (1953) marca su final y es ya un producto tardío.
Los que siguen, siendo excelentes (como Chester Himes, D. Henderson Clarke, Kenneth Fearing o David Goodis, para nombrar a los mejores), se desligan cada vez más de esa tradición y en el fondo no hacen más que repetir o exasperar las fórmulas establecidas por los clásicos.

Ricardo Piglia / Compilado por Lauro Zavala en Teorías del cuento II

lunes 19 de octubre de 2009


Una noche, caminando por las calles de Vancouver, encontré en un callejón a un hombre con sombrero de cowboy. El hombre cantaba Uncle Remus...


lunes 12 de octubre de 2009




De OLFATO y otros vampiros mexicanos*


Por Jaime Alfonso Sandoval

Andrés Acosta, merece mis respetos, porque ha hecho increíblemente temerario, ponerse a escribir una novela sobre vampiros.

Sólo a alguien con mucha audacia, o enorme desacato, se atreve a entrarle a un género que ha sido más manoseado que bueno… que las mismas novelas de vampiros.

En las librerías florecen, a veces hasta grados de epidemia o micosis, títulos sobre vampiros. Adolescentes despechadas, contaminadas, enamoradas y bastante azotadas, alrededor de los vampiros.

Pero Andrés ha sabido encontrar un filón de oro, una veta aún por explorar: Los vampiros mexicanos.

Aunque, hay que ser sinceros, los vampiros mexicanos en general no gozan de buena reputación.

Los referentes más inmediatos son los cinematográficos, vampiros campiranos, que cambian su castillo de Valaquia por una hacienda ranchera donde siempre hay niebla, sea de día o de noche, y los lobos aúllan cada dos segundos, mientras que Abel Salazar intenta rescatar a Ariadna Welter de las garras del conde Duval, el gran Germán Robles.

O ahí están las celebérrimas vampiras, las hermanas Tere y Lorena Velásquez.

Nunca la figura del vampiro había tenido semejantes piernas y una minifalda de infarto.

Que alguien me explique: ¿cuándo se ha visto a un respetable vampiro peinado con dos kilos de laca, zapatillas de plataforma mientras intentar seducir a un luchador con barriguita?

Y sólo por pudor no hablaré mucho de los murciélagos de goma, que se desplazan por las habitaciones, mientras los actores (y los espectadores) fingimos que no vemos los hilos.

Seguro a Bram Stoker le hubiera dado un infarto si se entera que en 1989 se filmó en México una película llamada “El Vampiro Teporocho” con Pedro Weber Chatanuga y Charly Valentino, aunque al parecer al público no le importó que ultrajaran de esa manera una figura legendaria de la literatura; pues de inmediato hubo secuela: el Vampiro Teporocho II.

Hay que reconocerlo, los vampiros, salvo honrosas excepciones, en México no se han tratado con debido respeto.

Pero Andrés Acosta ha otorgado un salto evolutivo, casi genético, a los vampiros mexicanos. Se ha desecho de los colmillitos de plástico, de las capas de terciopelo y los trajes de terlenca. Y le ha hincado el diente al tema, renovando toda la plantilla.

Ya se ha publicado en México algunas novelas sobre vampiros, entre la que destaca la espléndida “La Ruta del Hielo y la Sal” de José Luis Zárate, pero el vampiro que por ahí aparece, no tiene pasaporte mexicano.

En cambio, en la novela OLFATO, el protagonista tiene hasta credencial del IFE (O no tanto, pues apenas tiene 17 años), su nombre es Fulvio, hijo de padre diplomático y madre académica. Es un adolescente mexicano, aficionado al metal, a las atmósferas góticas, y lo mismo disfruta de la edición especial del disco de Rammstein, que de una visita al museo criminal de Viena o de un concierto de Lacrimosa en Budapest.

Fulvio recibe de regalo, algo por lo que matarían los adolescentes mexicanos: dos semanas como mochilero por Europa y es ahí, donde Fulvio recibe un don o una maldición… Con la que tendrá que volver a México.

Dinámica, muy divertida, por momentos aterradora, así es la novela de Andrés Acosta, que además se caracteriza además por su espléndida investigación.

En sus páginas el lector casi puede pisar los adoquines de la avenida Mese Selimovica, la avenida de los francotiradores de Sarajevo; o puede oler la habitación vienesa donde Hitler vivía como fracasado estudiante y finalmente el lector degustará un plato de pancita bien picosa, receta especial para vampiros con cruda de ayuno.

Todos los detalles del libro están tan descritos tal vividez que demuestran una intensa investigación, pero también muchos viajes y experiencias bien aprovechadas.

En OLFATO no hay ataúdes con aires de naftalina, hay chavos, niños bien, otros mal, muy mal; en las inmediaciones del metro Insurgentes hay emos que se inmolan con gusto (o disgusto, eso nunca se sabe); hay un buzo del drenaje profundo de la ciudad; un investigador de lo oculto; hay una historia de amor con piercings; está Draga, una chica que si la llevas a tu casa, seguro tus papás la sacan a jicarazos de agua bendita.

Atrás quedaron las vampiras a-gogó y sus murciélagos de hule. Los vampiros mexicanos se renuevan, se actualizan, cambian guardarropa, modos, costumbres. Se instalan en la juventud del frenético siglo XXI.

Gracias Andrés Acosta por hincar colmillo al género vampírico, por esta buena novela que abre ya una brecha. Has demostrado que los mitos están para eso, para reinventarse.


*Texto que, leído por su autor, Jaime Alfonso Sandoval, durante la premiación de OLFATO, el 1 de octubre en el Anfiteatro Simón Bolivar, hizo levantarse de sus butacas a los expectadores...